Estados Unidos ya lo hizo ¿Cuándo Chile?

Tras la histórica decisión de EE.UU. de reclasificar la cannabis, nos preguntamos: ¿cuándo lo hará Chile? Analizamos la promesa de Gabriel Boric y la urgencia de adoptar políticas de drogas más humanitarias y basadas en la ciencia

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En un movimiento histórico que muchos observan como el amanecer de una nueva era en política de drogas, el gobierno de Joe Biden en Estados Unidos ha tomado una decisión audaz: la reclasificación de la cannabis de una droga considerada tan peligrosa como la heroína a una sustancia que permite usos médicos y de investigación más amplios. Este cambio no solo modifica la percepción social y médica de la cannabis, sino que abre una discusión necesaria sobre las leyes y la regulación en otras naciones. Y aquí surge la pregunta: ¿Chile cuándo?

La decisión estadounidense responde a años de investigación y debates sobre los beneficios médicos del cannabis y su menor potencial de abuso en comparación con otras drogas que aún permanecen en categorías más restrictivas. Según la propuesta del Departamento de Justicia de EE.UU., enviar a la marihuana a la Lista III, donde se encuentran sustancias como la ketamina y ciertos esteroides anabolizantes, implica reconocer esos beneficios potenciales, facilitando así la investigación y, en última instancia, el acceso para quienes pudieran necesitarla como tratamiento.

Este cambio en Estados Unidos no surge de la nada; es el resultado de un proceso meticuloso y considerado, iniciado por una recomendación del Departamento de Salud y Servicios Humanos. La medida es también un reflejo de un cambio cultural más amplio hacia una visión más humanitaria y basada en la evidencia en el manejo de las políticas de drogas.

En Chile, durante su campaña presidencial, Gabriel Boric tocó un punto sensible y similar, prometiendo una revisión de la regulación del cannabis. La idea era alejarse de la criminalización que ha dominado la política de drogas en Chile y considerar un enfoque más progresista y basado en la salud pública, tal como lo está haciendo ahora Estados Unidos.

Sin embargo, hasta la fecha, esos cambios siguen pendientes en Chile, donde el uso recreativo y médico del cannabis todavía enfrenta numerosos obstáculos legales y sociales. La pregunta que surge, entonces, es ¿por qué la demora? Si la evidencia internacional y las tendencias globales están mostrando un camino hacia regulaciones más racionales y compasivas que pueden aliviar el sufrimiento de muchos, ¿qué detiene a Chile de avanzar en una promesa de campaña que podría mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos?

Es hora de que Chile observe no sólo a Estados Unidos sino a otros países que han reformado sus leyes sobre el cannabis. Estas naciones no solo han observado un descenso en los crímenes relacionados con drogas, sino también un aumento en los ingresos fiscales y en la seguridad de los consumidores. Chile tiene la oportunidad de liderar una política de drogas reformada en América Latina, alineándose con una tendencia global que reconoce la cannabis no como un problema de ley y orden, sino como una cuestión de salud pública y derechos humanos.

Por tanto, este momento de cambio en Estados Unidos debe servir como un catalizador para que Chile cumpla sus promesas y proceda con una legislación que refleje compasión, ciencia y sentido común. Es tiempo de preguntar no sólo “¿Chile cuándo?”, sino “¿Chile, cómo podemos hacerlo mejor?”.

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