La guerra contra las drogas está pérdida y ha causado más daño que lo que buscaban prohibir

De nada sirvió su fuerte penalización y nada pagará el daño provocado a usuarios. Todos esos costos de la guerra contra las drogas, que hoy muestran que fue una de las peores estrategias globales de la historia.

Ha sido un largo año de conflicto, soledad y avances. No sólo en Chile, donde se está viviendo un proceso de renovación de su carta magna, también en otras latitudes que van avanzando en la regulación de la marihuana.

No me refiero únicamente a Nueva Jersey, Montana y Dakota del Sur que se unieron a otros 11 estados que han legalizado la marihuana recreativa. Junto con Mississippi, Dakota del Sur también legalizó la marihuana medicinal, un paso que ya han dado otros 33 estados. Si no a lo que hizo Oregon que se convirtió en el primer estado en despenalizar la posesión de pequeñas cantidades de drogas callejeras, incluyendo cocaína, heroína y metanfetaminas, aunque seguirá siendo ilegal vender estas sustancias.

Y es que más allá de la legalización o regulación, el primer paso es la despenalización de usuarios médicos o recreacionales de las drogas. Se trata de una situación de médica y que tiene que ser solucionada por políticas de salud, más no de seguridad.

“Ahora se está dando cuenta, en muchos lugares, de que estamos gastando mucho dinero en la llamada guerra contra las drogas”, dijo Dennis Kenney, investigador de justicia penal, profesor del John Jay College of Criminal Justice y ex policía del sur de Florida a Insider. “Los resultados no son efectivos. No mostramos ningún cambio en el número de adictos, así que la gente empieza a cuestionarse si el gasto es correcto”.

En Chile se ha avanzado en términos legislativos. Hoy duerme un proyecto de Ley en el Senado. El proyecto denominado como “Cultivo Seguro”, busca entregar la posibilidad de que pacientes medicinales de cannabis puedas cultivas y sacar sus propios extractos. Medicamento que, de otra forma, costaría mucho dinero comprar.

Otro fue aprobado en la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, dentro de la agenda “Anti Narco” del Gobierno, “para la atención de un tratamiento médico con la presentación de una receta extendida para ese efecto por un médico cirujano tratante; la que deberá entregar el diagnóstico de la enfermedad, su tratamiento y duración, además de la forma de administración del cannabis, la que no podrá ser mediante combustión”.

Además de los proyectos, la Corte Suprema ha marcado jurisprudencia respecto a la diferenciación entre el consumidor y narcotráfico, dentro de lo que se enmarca su uso exclusivo en el tiempo.

“Hemos tendido a descargar estos problemas en [la policía] porque realmente no queremos hacer lo que sea necesario para abordarlos adecuadamente”, dijo Kenney. “Si quitáramos a la policía del negocio de las drogas, disminuiríamos significativamente el encarcelamiento en el país”. Disminuiríamos significativamente el conflicto entre la policía y las comunidades del país”.

Una política costosa

La despenalización también refleja un cambio cultural más amplio hacia el uso de drogas recreativas. La legalización de las drogas, incluida la marihuana, ha creado un cambio radical en las fuerzas policiales, que normalmente han utilizado los arrestos de delincuentes menores como un paso para encontrar a los traficantes y las cadenas de suministro.

En muchos casos, a las personas con delitos de bajo nivel se les dice que se les reducirán las multas si revelan sus fuentes de drogas. Sin embargo, con la legalización, en muchos estados ya no será posible arrestar a alguien por posesión. Algunos expertos creen que alejarse de la agresiva persecución de los delitos relacionados con las drogas podría ser algo bueno.

Los fantasmas de las disparidades raciales o discriminación del pasado también viven en la era de la legalización.

Las personas de color y/o minorías siguen viendo cómo son afectadas desproporcionadamente por las policías y la ejecución de las leyes que regulan el consumo de la marihuana, siendo mucho más propensas que los estadounidenses blancos a acumular antecedentes penales por consumirla.

Tan recientemente como en 2018, más de 600.000 personas en los EE.UU. fueron acusadas de posesión de marihuana. A pesar de constituir sólo el 31% de la población, los negros y los latinos representaron casi la mitad de los arrestos.

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