Ingleses miran con buenos ojos la regulación de la cannabis en Alemania

"Regular el consumo de cannabis ya no es radical", dice el columnista inglés, al ver lo que se está haciendo a algunos kilómetros de su Isla.

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Alemania ha marcado un hito al aprobar reformas significativas en su política sobre el cannabis, adoptando un enfoque más liberal comparado con las rígidas normativas que prevalecen en muchas partes del mundo. Este cambio legislativo permite la posesión de hasta 25g de cannabis para uso personal y la posibilidad de cultivar hasta tres plantas, marcando un distanciamiento claro de la guerra contra las drogas que dominó la política internacional durante décadas. Aunque inicialmente se consideró un modelo de mercado comercial similar al de Canadá, restricciones legales llevaron a Alemania a optar por un sistema de asociaciones sin fines de lucro para la distribución del cannabis.

Y la palabra se está extendiendo a otras latitudes, por ejemplo, en el país que solía ser parte de la Unión Europea: Inglaterra. Un columnista del Guardian, Steve Rolles, analista político de la Fundación Transform Drug Policy, asegura en una publicación que su país debería tomar nota:

“Esta influencia se deja sentir inevitablemente también en el Reino Unido. A medida que los antiguos argumentos a favor de la reforma pasan de la teoría a la realidad en los respetables estados vecinos, se hacen más difíciles de ignorar y calan cada vez más en la conciencia nacional. ¿Por qué seguir malgastando miles de millones en una aplicación de la ley fallida cuando podríamos generar miles de millones en ingresos fiscales como en Colorado? ¿Por qué empujar al 100% de los consumidores de cannabis hacia grupos de delincuencia organizada y traficantes callejeros, cuando alrededor del 70% de los consumidores de cannabis en Canadá compran su cannabis en tiendas autorizadas? ¿Por qué la gente tiene que comprar cannabis callejero de dudosa calidad y potencia desconocida, cuando puede unirse a una asociación legal y comprar productos de calidad controlada con información obligatoria sobre contenidos y riesgos, como en Malta o Alemania?”, dice Rolles.

Este movimiento alemán se inserta en una creciente tendencia de reforma global, donde países y estados están reevaluando sus enfoques sobre el cannabis frente a evidencias de que las políticas prohibitivas generan más problemas de los que resuelven. En Latinoamérica, donde el debate sobre la legalización del cannabis ha ganado terreno en los últimos años, la experiencia alemana podría ofrecer valiosas lecciones.

La perspectiva alemana, que considera la legalización del cannabis como un paso hacia la regulación responsable y la reducción del daño, resuena con los argumentos de activistas y políticos en Latinoamérica que abogan por un cambio en la política de drogas. Países como Uruguay, pionero en la legalización del cannabis, y recientes movimientos en México y Argentina hacia una regulación más flexible, muestran un claro interés en la región por explorar alternativas a la prohibición.

Algo que para Rolles, debería darse pronto. Especialmente por el gran apoyo a una regulación de la cannabis: “Está (el consumo y regulación) cada vez más normalizado. Ya no es una postura radical, sino pragmática, con ejemplos del mundo real que lo demuestran. Y mientras los laboristas y los conservadores (partidos políticos ingleses), con las elecciones a la vuelta de la esquina, no se atreven a ir más allá de la manida postura de “mano dura contra las drogas”, el respaldo público a la legalización sigue aumentando inexorablemente, y las encuestas indican ya un apoyo mayoritario. A medida que el apoyo a una plataforma de reforma se convierte en un activo político en lugar de un lastre político”.

Un estudio citado en la columna dice que el apoyo a la legalización del cannabis en Londres que supera el 60%, por ejemplo, su alcalde, Sadiq Khan, ha empezado a explorar abiertamente las reformas. A falta de un liderazgo político de principios por parte del Gobierno, el cambio puede reducirse a este frío cálculo político. Nos estamos acercando rápidamente al punto de inflexión y las reformas de Alemania sólo pueden servir para aumentar el impulso.

El caso de Alemania también subraya la importancia de adaptar las políticas de cannabis a los marcos legales internacionales y las peculiaridades nacionales, un aspecto crucial para los países latinoamericanos que buscan navegar el complejo entramado de convenciones de la ONU y presiones internacionales.

En este contexto, el debate en Latinoamérica podría verse enriquecido por la experiencia alemana, especialmente en lo que respecta a modelos de distribución que evitan la comercialización excesiva y fomentan un enfoque centrado en la salud pública y la reducción del daño. Con la creciente normalización de la regulación del cannabis a nivel mundial, la experiencia de Alemania ofrece un precedente interesante para Latinoamérica, impulsando la discusión sobre cómo reformas similares podrían implementarse de manera efectiva en la región, considerando las diferencias culturales, sociales y legales.

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